PROTECCIÓN DE SIGNOS EN TRES DIMENSIONES.

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Marca registrada por B&O en la OAMI

 

Por Rodrigo Sammut

Cada vez más productos y servicios presentan un envase que busca captar la atención visual del consumidor y así permitir la repetición del acto de compra en el tiempo. Las empresas dedican una parte importante de su presupuesto de marketing para idear estos envases que pueden convertirse en elementos diferenciadores pero también de copia por parte de los competidores. Además, la aparición de las impresoras 3D supone un reto en cuanto a la protección de las creaciones.

En este instante, en Chile, no existe la protección de marcas tridimensionales. Sin embargo, podemos constatar que empresas importantes, en particular en el rubro alimenticio, registran marcas que representan en dos dimensiones, la parte más predominante de su envase.

Cabe mencionar que el proyecto de nueva ley de Propiedad Industrial define lo que es una marca en su art. 39 e indica de forma enumerativa y no exhaustiva a “las formas tridimensionales, como los envoltorios, los envases y la forma del producto o de su presentación” como signo susceptible de ser protegido por el derecho de marca en Chile.

En otras jurisdicciones, se aceptan los registros de marcas tridimensionales, bajo las mismas condiciones que los demás tipos de marcas, es decir que la marca sea distintiva. En otras palabras, esa marca debe ser capaz de distinguir productos y servicios de los de la competencia. Esta condición supone un reto para los tribunales a la hora de interpretarla ya que contiene un alto grado de subjetividad.

La protección por la vía de una marca presenta grandes ventajas ya que se puede renovar cada 10 años, por nuevos periodos y de manera indefinida en el tiempo, a diferencia de otras protecciones y los fundamentos legales para perseguir un infractor son mayores.

Otras formas de protección de los signos en tres dimensiones serían los diseños industriales. El problema en Chile con los diseños es que el INAPI examina la novedad y su protección se limita a 10 años, sin posibilidad de renovación. Además, su tramitación puede tardar más de un año. Sin embargo, la protección obtenida cubre el objeto en tres dimensiones.

Finalmente, estos objetos pueden protegerse por derecho de autor. La problemática aquí es que generalmente no se registran los derechos de autor y el alcance de la protección no es tan atractiva como la de una marca. Además, el objeto de la protección ha de ser original.

Por estas razones, esperemos que las novedades legislativas permitan cambios en la práctica marcaria más acorde con nuestra realidad económica, donde el elemento visual puede ser determinante en el mercado.

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